Patrimonio cultural G

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Nota: El pasado 30 de noviembre, antes de cerrar el ingreso de información a esta wiki para edición del informe final, se envió una nota al antropólogo Fredy A. Villa V. solicitándole que aceptara tardíamente la tarea de emitir una opinión profesional sobre las posibilidades de encontrar restos arqueológicos valiosos en el sitio de obra de La Esperanza y hacer una recomendación en caso de que las posibilidades fueran significativas. Fredy aceptó -a regañadientes, vale decirlo- y este es su trabajo. Estará editado para cuando Ustedes lo vean, pero pueden ver el original casi intacto pulsando el botón de historia de este artículo y seleccionando la versión inicial que está al final de la página. Como en todo lo que se encuentra en esta wiki, tienen entera libertad para editar (eliminar, adicionar, cambiar) este artículo. El complemento, derivado de éste, es un programa nuevo orientado al reconocimiento y la prospección arqueológicas en la finca La Esperanza, por favor ojeen esto también. Lcgarcia 23:20 10 dic, 2005 (PST)


Potencial arqueológico del área de la finca La Esperanza, municipio de Guaduas

Introducción

La ubicación del área de interés en el valle medio - alto del río Magdalena, le otorga un potencial patrimonial arqueológico alto que ha sido documentado por un buen número de investigaciones sobre lo que se ha conocido como un corredor biológico de penetración o de circulación desde tiempos prehispánicos hasta las épocas de la conquista y la colonia.

La ubicación del área a intervenir (unas 15 ha), dentro de un área mayor de ca. 320 ha, refuerza la condición de potencial arqueológico, dada su estratégica posición entre dos fuentes de agua como son el río Seco y el arroyo Tocuy que en él desemboca. Éstas condiciones físicas, en el contexto xérico del valle del Magdalena, se pueden considerar mas que apropiadas para el asentamiento antiguo de poblaciones como las reportadas para la región biogeográfica.

Investigaciones antecedentes

Paleoindio. Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en la región del Magdalena medio en los últimos 15 años, plantean evidencias de presencia humana temprana, datadas entre los 12.000 a 10.000 años a. p. López, 1991. Las hipótesis plantean que los primeros grupos humanos asentados en este territorio, estaban conformados por pequeñas bandas seminómadas (cazadoras-recolectoras), basando su subsistencia en la apropiación de recursos de cacería, especialmente megafauna y en la recolección de productos vegetales Correal, 1993.

Período lítico. Los artefactos en piedra recuperados, denominados como industria lítica, muestran un desarrollado básico de la talla. La gran cantidad de desechos de talla recuperados, permite plantear que los artefactos habían sido elaboradosin situ, destacándose el uso de cantos rodados de chert, como materia prima principal. Es muy recurrente la identificación de campamentos ó talleres donde se fabricaron gran cantidad de artefactos. Los resultados de las investigaciones permiten plantear la presencia de dos tradiciones liticas distintas a nivel tecnológico y las dos están relacionadas con las evidencias encontradas en el sitio Aguazuque en la sabana de Bogotá (Correal, et al.,1969, Correal y van der Hammen, 1977).

Período cerámico temprano. Las investigaciones también han reportado datos de sociedades agro-alfareras ubicadas cronológicamente entre el final del tercer milenio y durante el segundo milenio antes del presente. Se propone que sus modos de apropiación estaban relacionados directamente con la riqueza del río y se complementaban con un manejo seleccionado de palmas y por la cacería. A esto se agrega la posibilidad del trabajo agrícola de raíces y maíz, pero faltan datos para su comprobación.

El valle del medio del río Magdalena fue poblado por grupos alfareros con distintos tipos cerámicos, inicialmente asociados a lo que Reichel - Dolmatoff, 1943, 1985 llamó el segundo horizonte inciso y más tarde fechado por Cifuentes (1993) en sitios relacionados con Arrancaplumas (localidad frente a Honda, ca. 1 km aguas abajo de Puerto Bogotá) en 2040 ± 90 a. p. Este horizonte comparte rasgos estilísticos con la cerámica de la costa Caribe, en especial con los complejos descritos para el bajo Magdalena (Zambrano y Malambo). Según los planteamientos de Reichel - Dolmatoff, en este período hubo una difusión de los grupos que portaban los tipos cerámicos hacia el interior, desde la costa, especialmente reconocible en los rasgos estilísticos, los cuales se presentan en la cerámica tanto de la sabana de Bogotá, como de Honda e incluso de San Agustín. Investigaciones realizadas en la vertiente oriental parecen relacionar la cerámica del valle del Magdalena con la existente en la sabana de Bogotá, mas directamente con la cerámica Herrera (Hernández y Cáceres, 1989; Cifuentes, 1993).

Período cerámico tardío. En épocas posteriores, después del siglo IX de nuestra era, la región del Magdalena medio fue siendo paulatinamente cada vez más poblada por agro-alfareros con desarrollos regionales particulares, los cuales también desarrollaron estrategias de apropiación de los diferentes ecosistemas. Según los datos arqueológicos los grupos humanos que poblaron esta región presentan similitudes en cuanto a la tecnología y el estilo alfarero y se pueden considerar "como un grupo cerámico que se extiende por ambas márgenes del río Magdalena, incluida la parte baja de sus afluentes desde Puerto Mosquito (departamento del Cesar) hasta Calzón de Oro, al sur de Honda" (Castaño y Dávila, 1984).

Desarrollo de la agricultura. Con base en datos etnohistóricos y arqueológicos se ha venido planteado que los grupos asentados hacia el segundo milenio d. C, en el valle medio del río Magdalena, serían de filiación Karib, los cuales, procedentes de las tierras altas de Guayana, ingresaron por el norte de Sudamérica, trayendo consigo una tradición cultural desarrollada en las cuencas y tierras bajas neotropicales (Castaño y Dávila, 1984). Esto implicaría que los nuevos grupos desplazaron a los antiguos habitantes imponiendo parte de su acervo cultural y adoptando costumbres y modos de apropiación de aquellos con quienes se disputaron la posesión del territorio. Las evidencias prehispánicas, basadas en columnas de polen realizadas en la región, indican la presencia de cultivos de maíz, yuca y el manejo de algunas especies de palmas; también las referencias etnohistóricas advierten sobre la presencia en la región del complejo maíz–fríjol hacia la época de la Conquista. Estos datos apuntan a que los grupos portaban formas de subsistencia desarrolladas en la selva amazónica y en su expansión hacia nuevos territorios encontraron sistemas agrícolas más eficientes, los cuales adoptaron en los nuevos ambientes (Castaño y Dávila, 1984).

Período post-europeo. De manera específica entre los municipios de Honda y Guaduas se cuentan con varios yacimientos que hablan de la presencia de grupos humanos prehispánicos y en la Colonia. Yacimientos como Guadero-Guaduas, con una ubicación temporal entre 2.230 ± 90 años a. p. (antes de 2000) y Arrancaplumas-Honda, con una temporalidad de 2.050 ±90, años a. p. (antes de 2000) muestran un patrón de asentamiento de una fuerte tendencia a ocupar entornos ribereños y lacustres, en los cuales se conformaron aldeas nucleadas.

Conclusión

El área de intervención del proyecto carcelario se encuentra dentro de una zona de alto potencial arqueológico, dado que forma parte de complejas y antiguas dinámicas de poblamiento e interacción con el medio. Una intervención específica en las 15 ha requeridas por el proyecto, es bastante significativa dentro de los aportes al desarrollo de la arqueología nacional, además de que forma parte de un predio de ca. 320 ha que si bien no tendrá una intervención directa, estará potencialmentre expuesta a intervenciones indirectas y continuas intensivas. Por esta razón se recomienda realizar acciones de caracterización del potencial desde un reconocimiento arqueológico a la totalidad del predio (360 ha) y una prospección arqueológica sobre las 15 ha a ser ocupadas por las construcciones, considerando adicionalmente todas las áreas que el proceso de construcción pudieran afectar de manera temporal, tales como los accesos, los corredores de las conducciones de redes de agua, energía, gas, fibra óptica, etc., ya sean enterradas, superficiales o aéreas.

Estar alerta al eventual hallazgo de evidencias arqueológicas, para dar aviso a las autoridades competentes no es suficiente, pues la valoración del patrimonio arqueológico y los aportes que éstos dan a la historia y a la ciencia requieren acciones de protección preventiva, mas que remedial o coercitiva. En el PMA se incluyen recomendaciones específicas relacionadas con el reconocimiento y la prospección arqueológica citadas. En los términos actuales de la política nacional, es un asunto de conciencia nacional y de patria. No es un asunto de folclor.

Referencias bibliográficas

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